miércoles, 25 de abril de 2012

Manuel García Cartagena fabricante de sueños




Reseña escrita para el acto de dedicación de la calle a éste escritor el 16 de mayo de 2011 en la XIV Feria Internacional del Libro

Escribir poco de alguien que ha desenterrado grandes tesoros del confuso mar  de  las letras es desafiar al máximo la temeraria labor de sintetizar.
Ver la obra de toda una vida apretujada en el mísero cuadro de un discurso es algo que no enorgullece ni siquiera al espíritu humilde que hoy nos toca homenajear, no porque no lo mereciera antes, sino porque la vida en su ironía se encarga de regalarnos las cosas cuando piensa que tenemos la madurez necesaria para recibirlas.
Es por eso que no pretendemos hacer de estas líneas un prólogo del pensar que no ha podido servirse en la envidiable bandeja de una decena de libros.
Si sus letras armoniosamente colocadas sobre el pentagrama de las hojas no han dado la nota final de su canto, mucho menos lo harán las insípidas viandas que sirve un mozo de manos temblorosas.
Pretender hacer un discurso, con palabras encajadas a la fuerza, para ilustrar el manantial tibio que desde su memoria desliza su torrente de párrafos ramificados en cuentos, novelas, ensayos y poesías es querer responder al murmullo de sus torrentes que cuestionan “ ¿Cómo vives, Insensible, por qué no mueres como nosotros, y qué lujo es ese de que nada sientas?
Por eso nos sorprendemos cuando, rebuscando en sus libros, nos damos cuenta que el hombre al que nos aferramos es mucho más intenso que esa mirada tímida empañada por el cristal de unos lentes. Continuo como el tictac del corazón, agarrado con manos de fierro a la vida.
Una encrucijada del destino plasmada sobre páginas en blanco que adquieren color con su nostalgia.
Un fabricante de sueños, disfrazado de poeta, narrador, ensayista, traductor y crítico literario, escaseado por su diversidad.
Tal vez  un pedazo de nosotros mismos, o una figura archivada en la memoria traicionera del tiempo.     
Apuntando el dedo tirano del tiempo al 7 de abril del 1961 nos encontramos con Manuel  recién nacido, rabiando sus primeras imprecaciones a un mundo, en cierto modo inocente, sin dejar de ser por esto un privilegiado que junto al primer rayo de luz, descubre que posee la facultad de expresar lo que siente.
Años después todavía lo oímos resabiar, pero ahora con arte y una ironía que satiriza nuestras consciencias “Estar aquí solo prueba que no sabemos dónde estamos”, escribe, y luego se echa a reír e ignora que su barba ha vuelto a tragarse la mitad de su sonrisa.
Como es un pecado desnudar la vida de un hombre sin antes conocerla a fondo, vamos con él al año 1978, y lo encontramos gozoso porque al fin culmina el primer volumen de su carrera estudiantil, y se gradúa de Bachiller en Ciencias y Letras en el Colegio Dominicano De La Salle.
Ese mismo año estudiará francés en la Alianza Francesa de Santo Domingo y, como si los idiomas fueran viento para su velero, dos años después se gradúa de inglés en el Instituto Cultural Domínico-Americano.
No conforme con conocimientos básicos, en 1984 obtiene una Licenciatura en Letras Puras Hispánicas e Hispanoamericanas en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la que engordará en 1988 con un Postgrado en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español como Lengua Materna del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).
Pero su espíritu joven le ha enseñado que los hombres de éxito no se detienen ante los logros, por extraordinarios que sean, sino que buscan constantemente escalar otro peldaño en la escalera del progreso. Por eso, al año siguiente lo vemos sonriente en la fotografía enviada a sus familiares, de la graduación del  diplomado en Letras Modernas, Mención Très Bien en la Universidad François Rabelais de Tours, en Francia, el mismo centro que en1992 le otorgará su Doctorado en Letras Francesas Modernas Régimen Único, Mención Très Honorable.
Con un curriculum semejante, su experiencia profesional es casi imposible de resumir sin quitarle labores fundamentales. Excusándonos con lo dicho, contamos su vida productiva desde el año 1984 cuando lo encontramos desempeñando labores docentes en el Instituto Dominicano Gregg:
De 1987 a1988 también funge como Profesor de Español y Francés en la Universidad Tecnológica de Santiago.
En los meses Junio-Agosto 1997 lo llaman como Profesor Invitado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo para la Maestría en Lengua y Literatura.
De Agosto a Octubre del mismo año, lo veremos desempañar la función de Director de la Escuela de Graduados y Coordinación de las cátedras de los programas de Maestría en la Escuela de Graduados de la Universidad Tecnológica de Santiago.
De1999 a 2009 en Editorial Santillana descuella como Editor de Lengua Española y Literatura, puesto que compartirá con la enseñanza de Literatura Francesa en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Podrían agregarse más y más funciones a la vida de nuestro homenajeado, pero solo queremos hacer mención de su vida laboral mientras estuvo fuera del país, donde ondeó nuestra bandera como Lector de Español en las  Clases de Gramática y Conversación en español de la Universidad François Rabelais de Tours, Francia de 1993 a1995.
En la misma Universidad que de 1995 a 1996 fue Agregado Temporal a la Enseñanza y la Investigación en Licenciaturas y programas de formación de profesores.
De sus obras puede decirse tanto como de su vida corta que ha sido tan larga. Pero dejamos estos tesoros para que puedan ser encontrados por quien rebusque en la lectura de los apasionantes relatos o poemas que, cuidadosamente, nos presenta en cada publicación.
Sus novelas Bacá, 2007, Historia de Almueje, Aquiles Vargas, fantasma, 1986, Premio Siboney de Novela, son tan fascinantes como su libro de cuentos “Historias que no cuentan”, y cada uno de estos escritos se condensan en los hermosos poemas que le ha legado a la eternidad en sus libros: Los Habitantes, 1986, Poemas malos o anti-poemas, 1985, Palabra (poema en prosa), Premio Siboney de Poesía de 1984, y Mar abierto, 1981.
De regreso de este viaje por la cultura humanizada,  poco falta por agregar a la presentación de un hombre cuyos hechos lo dicen todo. Por tal motivo, cerrando nuestras bocas y vibrando las manos en un estruendoso aplauso, celebremos junto a Manuel García Cartagena en su día.

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